Mi
abuela solía decir que “cuando el dinero no entra por la puerta el amor se
escapa por la ventana”, yo no dejo de
pensar en esta frase en estos tiempos que corren, cuando el índice de desempleo
es demoledor, cuando el porcentaje de familias con uno, dos o incluso todos sus
miembros no trabajan, cuando la calidad de vida que nos hemos permitido hasta
ahora ha tenido que bajar, cuando los
sueldos están congelados desde hace años, que hay de cierto en esta frase, ¿que
papel ocupa el Amor en los tiempos de crisis?, ¿es verdad que el amor todo lo
puede? O ¿solo es una idea infantil y absurda? Hace unos días tomando un café
con una conocida y haciendo uso del termino “marujeo” dicha persona se aventuró
a vaticinar que entre una pareja amiga la base que sustentaba emocional y
sentimentalmente dicha relación era la jugosa nomina mensual de uno de ellos,
que les permitían viajes exóticos, entrenadores personales y el paseo semanal
por las tiendas más caras de la ciudad, pero que entre ellos no existía ningún
tipo de vínculo afectivo, y que si no existiera esa nomina no existiría dicha
relación, yo rebatí inmediatamente dicha afirmación, no me entraba en la cabeza
que ha estas alturas después de que nuestra sociedad luchara por las uniones
libres y no impuestas , la gente vendiera un sentimiento a cambio de dinero o
status , y que, efectivamente si ese
status o nivel económico peligra se huye
(pero no con lo puesto, sino con TODO lo que se pueda) de aquel o aquella con la
que hemos compartido parte de nuestra vida, ¿necesitamos para amar o para
mantener un sentimiento cosas
materiales, placeres superficiales previo pago de Visa, noches “románticas” en
hoteles de cuatro o cinco estrellas? ¿Realmente tan pobre es el Amor?; Esa frase tan maravillosa de Gabriel García
Márquez “Te quiero no por quien eres sino por lo que soy cuando
estoy contigo” empieza a aplicarse en esta sociedad no con el sentido que
el autor la trasladó sino como todo lo contrario, es como que los sentimientos
han mutado, y la única forma que tienen de sobrevivir es a base de colocarse
una etiqueta con un precio, esto lo aplicamos a cualquier tipo de sentimiento
afectivo, la madre que compra a su hijo el
juguete más caro de la tienda para “hacerle feliz”, el esposo que regala una
joya a su mujer por su cumpleaños para “demostrar” su amor, lo peor es que
cuanto más caras sean dichas “demostraciones” más estaremos demostrando, triste,
¿ verdad? . Al final la conclusión a todo esto es que poniendo un precio a lo
que sentimos irremediablemente nos le ponemos a nosotros mismos, y sí, es
cierto que todos tenemos un precio, pero lo que nos diferencia y define a unos
de otros es cual.

Con permiso de la Bloggera, discrepando de que no puedo compartir que todos tenemos un precio, ni en consecuencia de lo que nos define a unos de otros no es el valor economico de este, lo que nos diferencia a unos de otros es el como, el cuando, y el porque de mentirse a uno mismo.
ResponderEliminarRecapitulo mi conclusiòn:
Creo que nadie puede aprender en cabeza ajena, tenemos que asumir que cada uno tiene un corazón diferente, y cada uno nuestra propia realidad de las cosas, que incluso puede introducir visión distinta de unos mismos hechos. Por eso nadie es mejor que nadie, ni se puede decir que nadie quiere mas que nadie, cada uno tiene su propio y subjetivo concepto del amor, su propia escala de valores, e incluso, sus propia escala de prioridades.
Lo que para uno es un amor apasionado para el que lo recibe puede ser un amor neurótico.
Lo que para uno es un amor en silencio, para el otro es un “nunca me ha querido”.
Lo que puede querer uno es amar y el otro solo desear ser amado.
Lo que para uno es mercantilismo, para otros es la realidad de la vida.
Lo importante es no mentirse a uno mismo. y por eso mi conclusiòn diferente a esta entrada de Nenita78