Hace unos días, viendo la
televisión y por absoluta casualidad (la casualidad la provoco el mando a
distancia y el termino ingles zapping) llegue a parar en un canal que estaba
transmitiendo la película “Las mujeres perfectas” (2004) protagonizada por
Nicole Kidman (evidentemente el director no se desmembró la cabeza para buscar
a la actriz principal), que es un remake de la dirigida en el año 1975 y basada
en el libro de Ira Levin “The Stepford Wives” (quizás os suene más la película
“La semilla del diablo”, pues bien, este escritor también escribió la novela
que se basa en la película).
Pues bien, el argumento de la
película trata de los hombres casados que viven en un pueblo de Connecticut (en
una super urbanización de lujo) que tienen mujeres bellas, jóvenes, sumisas,
educadas, con una sonrisa constante en la boca (la blancura de sus dientes
causa ceguera) cuando un joven
matrimonio se traslada a este pueblo y empieza a preguntarse acerca de tanta
perfección es cuando se dan cuenta que dichas mujeres son robots; evidente es
una especie de parodia (evidentemente y eso espero), con lo cual empecé a darle
vueltas al termino de perfección pero yo no se le quiero aplicar a las mujeres
(para mi ya está demasiado manido el termino en la mujer: la mujer perfecta, la
esposa perfecta, la secretaria perfecta, la madre perfecta… agotador) en este
caso sino más bien a los hombres: el hombre perfecto.
Creo que el concepto de hombre
perfecto ha ido cambiando a medida que la mujer ha ido evolucionando porque
(incluso en esto) yo creo que si preguntamos a un hombre lo que para el sería
un “hombre perfecto” y sí la misma pregunta se la hacemos a una mujer, la
diferencia de opinión seguramente sería importante, digo seguramente, porque es
verdad que cada vez entre hombres y mujeres vamos creando un equilibrio de
opinión y nos vamos relajando y acercando posturas.
En estos momentos, creo que el
hombre esta siendo víctima de lo que las mujeres hemos sido durante mucho
tiempo, a nosotras se nos exigía (y todavía exige), estar hermosas, jóvenes, delgadas, ser súper-profesionales
en nuestro trabajo,… y ahora les toca el turno también a ellos (últimamente noto
la presión que ejerce esto en muchos de mis amigos varones), con lo que cada
vez mas hombres “cultivan” su cuerpo (moda, gimnasio, spas, cremas, operaciones
de estética…) y su mente en busca de la
perfección, listas top 20 de los hombres perfectos, manuales para que consigan
ser el hombre perfecto,… ¿pero que pasa, que nos hemos vuelto locos? , ¿Quién o
qué es lo que define la diferencia entre lo perfecto e imperfecto? Mi respuesta
a esta pregunta es la sociedad en general, no ha nivel individual. Buscar el
hombre perfecto (como buscar a la mujer perfecta)es irrisorio y ridículo,
porque eso supondría que únicamente habría uno y ese sería el modelo a imitar
impuesto (sí, entonces tendríamos muy pocas opciones a la elección porque todos
seriamos un calco barato de otro), y yo me niego, creo que hay muchos hombres
perfectos en el mundo sin serlo, creo que en realidad la perfección no existe,
y si existe está en los ojos de quien mira y eso es lo mágico de las personas, la
capacidad que tenemos de hacer de algo “supuestamente no perfecto” nuestra seña
de identidad, lo que marca la diferencia... como dijo el Sr. Ortega y Gasset “¿Qué perfección es ésta que complace y no subyuga, que admira y no
arrastra?”, pensarlo.

Querida anfitriona bloguera (1) ,gracias por tu previsiblenueva entrada:
ResponderEliminarLo siento una vez más, y es que tengo que volver a discrepar de ti; ya que ante mi modesto entender si existe el hombre o la mujer perfecta.
Tengo que empezar por una canción:
“el otoño se llevó tu pelo y escondes la panza bajo el saco, es cierto que no eres un modelo, pero me derrites con tu trato; dudo como un pez frente al anzuelo de una vez te tomo o te dejo. Eres casi el hombre perfecto; el que busque por tanto tiempo; el que me hace vibrar la piel y el esqueleto; eres casi el hombre perfecto”
Y es que ese hombre o mujer perfecto, ni siquiera se enteró que lo era para otra personas, incluso puede ser lo contrario ,que el piense que es la persona con más defectos del mundo, el ser más imperfecto, pero lo cierto es que para la persona que está en frente para ella o el , si lo eres; como manifesté en el comentario a tu primera entrada “cada uno tenemos nuestra propia realidad de las cosas, nuestra forma de pensar “ y en consecuencia nuestra mujer u hombre perfecto, y él o ella ni siquiera lo sabe.-
Es cierto, y comparto contigo, que la sociedad actual ha obligo al hombre a ser perfectos, pero la enseñanza es equivocada. Todos aquellos que entrenan a hombres y mujeres perfectos, personajes que se pueden ver en ciertos programas de televisión, que yo sigo por cuestiones familiares y en los cuales me pierdo y no distingo después de 20 programas , ya que todos son iguales: Nano; Ferchu; Ferran; Alvaro; Laura; Noel etc…, que les distingue: “ Nada” son los mismos bíceps y las mismas berzas.-
En conclusión, creo solo debemos estar atentos de aquellos que nos consideran hombres o mujeres perfectos, e intentar no defraudarles.(2)
1) como no recibimos contestación, seguimos sin saber si es técnicamente correcto .
2) Puede ser que este comentario defraude a mi querida anfitriona, pero no tengo la tarde para farolillos.
Lo primerisimo y utilizo el superlativo y las mayúsculas: GRACIAS por tus comentarios, a pesar de que en ocasiones la divergencia de opiniones (en nuestro caso bastante frecuente) puede suponer una batalla dialectica yo no lo pretendo al contrario respeto tu opinion y la considero y tengo en cuenta.
ResponderEliminarEl caso es, que como indico en la entrada, efectivamente la perfeccion no existe como totalidad y si existe está en los ojos de quien mira (en la individualidad), reitero que para mi, no debe ser algo impuesto, sino más bien algo que nosotros (como individuo y de forma subjetiva) seamos capaz de encontrar, cada uno la encontrará en algo o alguien y no necesariamente tiene que ser lo mismo que para otro, es decir, permitamonos buscarla y encontrarla a través de nuestros ojos y no en la mirada ajena.